• Se fue…

    Se fue.

    Sentado en la cima del cerro, desde donde estoy, aún puedo verla.

    Va llorando, mientras recorre el zigzagueante camino que baja del monte.

    Todavía puedo saborear las saladas lágrimas que mi lengua retiró de su rostro y aún tiembla en mis labios su último beso.

    Mis manos recuerdan aún la textura de la piel de las suyas, y mis oídos repiten incesantemente sus últimas palabras mientras mi cerebro y mi corazón siguen buscando la respuesta correcta.

    La que hubiera logrado que se quedara.

    Se fue, y sentado en la cima cerro, desde donde estoy, aún puedo verla alejarse.

  • Murió

    Se le fueron acabando
    los pretextos para escribir
    y con ello
    también las ganas de vivir.

    Quizás se habían ido
    por los mismos caminos desconocidos
    por los que ella se había ido
    cuando se llevó su amor.

    Se fueron extinguiendo los amigos,
    y las rosas se fueron haciendo
    cada vez más escasas.

    Cada día amanecía menos hombre
    y más sombra
    hasta que un día
    ya no hubo hombre que amaneciera.

    Ya podía ella estar contenta:
    la destrucción del que había amado
    ya estaba completa.

  • Si todavía nos queda tiempo…

    Ven y bésame,
    si es que aún
    estamos a tiempo.

    Dame un beso
    que atenúe el pasado,
    que si bien no puede borrarse
    ni curarse
    quizás si pueda amortiguarse
    tan siquiera un poco.

    Ven y dime que me amas
    si es que aún
    estamos a tiempo.

    Si es que todavía
    nuestro amor
    tiene alguna oportunidad
    de sobrevivir.

    Ven, dame un abrazo
    que sea nuestro bálsamo
    y hagámonos el amor
    una vez más,
    si es que aún
    estamos a tiempo.

    Pídeme,
    desesperada y loca de deseo,
    que te haga mía,
    si es que aún
    estamos a tiempo.

    Déjame que bese
    todos tus labios
    y beba de ti
    todas tus mieles
    en la comunión
    sagrada de nuestros cuerpos…
    si es que aún…
    estamos a tiempo.

    Pero si nuestro tiempo
    ha pasado ya
    tendré que conformarme
    con buscar tu sonrisa
    entre la luz de las estrellas.

  • La neta… ¡Qué pinche hueva…!

    Honestamente
    cuando terminamos
    me dio mucha hueva odiarte.

    Me quedé sin energías,
    ni siquiera deseos
    de maldecir tu nombre,
    de borrar tus fotos
    o de rasgar tus cartas.

    Las cartas, y las fotos,
    y tus regalos se quedaron
    arrimados
    en una eterna
    pila de pendientes.

    Un día que no tenga yo
    tanta pereza,
    ni tantas cosas por hacer,
    quizás los aviente por la ventana.

    Y es que ya había yo
    consumido muchos sentimientos
    durante nuestro ciclo de amor,
    como para dedicar más esfuerzos
    en etapas posteriores.

    Pasaste de ser un dolor agudo
    a ser uno de esos achaques
    que nunca se van,
    pero que se toleran
    con la paciencia
    que dan los años de experiencia.

  • ¿De verdad, de verdad?

    Que si la amaba,
    me preguntaba
    y yo me desvivía
    por explicarle de cuantas maneras
    la amaba…

    Pero que si en serio,
    en serio,
    la amaba,
    me reiteraba
    y yo de nuevo
    me deshacía en versos
    y prosas
    para hacerla sentirse amada…

    Al final pudieron
    mas sus inseguridades
    que mis garantías,
    y se fue…

    Y ahora seguro
    está preguntándole a otro
    que si de verdad, de verdad,
    la ama…

  • Quién sabe si te animes a llegar algún día…

    Hubiera querido conocerte
    para poder llenarte la vida
    de besos importantes.

    Hubiera querido
    que fuéramos amigos primero,
    para aprenderme de memoria
    tus sonrisas.

    Me hubiera encantado
    perderme en tus ojos negros
    y en tu cabello largo.

    ¡Cómo hubiera deseado
    sentir tus dientes
    morder mis labios
    al besarnos!

    Habríamos llenado
    las noches de bailes
    y los días de aventuras.

    Nuestra cama
    se hubiera desbordado
    de orgasmos,
    risas,
    confesiones,
    desayunos de domingo
    y poemas desvelados.

    Nuestra casa
    habría sido
    una catedral
    de felicidad y deseo.

    Pero aún no has llegado a mi vida.

    Y quién sabe, si te animes a llegar algún día…

  • La mañana de un nuevo día

    Cuando estaba oscuro
    y tenía un miedo sin respuestas,
    y un dolor sin esperanzas…

    Cuando tu ausencia
    me dolía en el pecho
    y en el estómago…

    Cuando tuve miedo
    y tuve que caminar solo
    y cuesta arriba
    en una noche sin estrellas…

    Cuando me sentí
    no solo invisible,
    sino hasta indigno
    y no me faltaron
    pretextos para claudicar…

    Seguí adelante.

    Seguí viviendo,
    y decidí
    seguir sonriendo.

    ¿Porque tendría que detenerme ahora?

    Ahora que ya el sol
    comienza a clarear
    en la fresca mañana
    de un nuevo día.

  • Te deseo un amor suave y gentil

    Te deseo un amor
    que te de paz.

    Un amor que permanezca tranquilo
    aún después de las tormentas,
    aún después de las peleas.

    Te deseo un amor
    que te entienda,
    que te escuche,
    que comprenda tus motivos
    y que ame tus defectos.

    Te deseo un amor
    que sonría con tus tropiezos
    y te brinde, siempre,
    su apoyo incondicional.

    Te deseo un amor
    que te ame de manera suave y gentil,
    que te haga olvidar el peso del mundo
    que llevas sobre tus hombros,
    y que aún después de haber triunfado
    en tus peores batallas,
    te ayude a levantarte del piso,
    a limpiar tu espada y tu escudo
    y mientras lo hace,
    sonriendo, te pregunte
    “¿Qué sigue ahora?”

  • Y ahora estás tú

    Vivía perdido
    en los recuerdos
    de un viejo amor,
    porque no conocía
    el brillo de tus ojos
    cuando ríes por alguna
    de mis locuras.

    Se me iba la vida
    regando flores ya marchitas
    porque nunca te había escuchado
    cantar canciones románticas.

    Pensaba que ya había vivido el amor
    porque aún no lo vivía contigo.

    Y ahora que ha salido el sol de tu sonrisa
    ha opacado todas las estrellas
    de mis relaciones pasadas.

    Y yo me dedico simplemente
    a gozar de tu calor
    como el girasol
    goza de la luz del sol
    en una tarde de primavera.

  • Tenía que hacerte mía

    Nos hicimos más que amigos
    porque no podía tolerar la idea
    de vivir sin ti mi vida.

    Porque ya no quería despertar
    por las mañanas
    sin ver tu carita dormida
    con el cabello despeinado
    y sonriendo,
    aún dormida.

    Porque había ya secretos
    que no podía ocultarte más
    y no podía confiárselos
    a una amiga solamente.

    Porque ya era urgente besarte
    y aprender cómo te veías desnuda.

    Nos hicimos más que amigos
    porque yo ya me había inventado
    un universo contigo
    y no supe deconstruirlo
    para poder sacarte de él.

  • Tu primer beso

    Recuerdo el primer beso
    que me diste
    bajo el zaguán rojo
    afuera de la casa
    de tu padre.

    Llovía.

    Estábamos tarde para la cena
    y estábamos empapados.

    Adentro, sabíamos,
    nos esperaban tus padres enojados.

    Pero reíamos, encantados
    después de haber pasado
    un día mágico.

    Te quedaste, de pronto, seria.

    Te acercaste a mí
    y sin decir palabra
    me besaste.

    Nos quedamos un rato más ahí,
    mojándonos y llenándonos de besos.

    No era la cobardía la que
    nos impedía entrar,
    sino el deseo de besarnos más.

    Finalmente, fue dejando de llover
    y entramos a la casa de tu padre
    tomados de la mano
    riendo, enamorados,
    mientras él, desde la sala,
    comenzaba ya a gritar.

  • Te extraño…

    Me preguntas, justo hoy, si te he extrañado
    pero hoy no me he levantado buena gente.

    Y además, he estado muy ocupado ¿sabes?

    He tenido que resolver problemas,
    perseguir pendientes
    acabar tareas
    y, sí, también enamorarme
    de nuevas personas.

    He estado atareado
    construyéndome de nuevo
    y no ha habido tiempo
    para pensamientos inútiles y ociosos.

    Pero sí te prometo
    que ya la próxima semana
    te extraño, sin falta.