• Lluvia…

    Abrí bien grande la ventana
    para aspirar el olor de la lluvia
    sin importarme mojarme,
    ni mojar la casa.

    Abrí a todo la ventana
    porque tengo ganas de vivir y de mojarme,
    porque quiero sentir la lluvia rodar
    junto con mis lágrimas en mis mejillas.

    Abrí bien grande la ventana
    porque quiero rebelarme
    bailando y cantando.

    Y gritar a los cuatro vientos
    y a otros cuatro más, si es que existen,
    que te he olvidado y me vales madre.

    He abierto la ventana a todo
    para ver si con la lluvia
    entran algunos nuevos amores.

  • Jamás te rindas

    No te rindas
    ¡No claudiques!

    Que no viene nadie a rescatarte,
    cuentas solo contigo
    para ayudarte.

    No te muestres débil
    ni vulnerable
    ante la persona
    que optó por dejarte.

    ¡Al contrario!

    Recuerda que la mejor venganza
    es una sonrisa
    de oreja a oreja
    ¡Aún en los días lluviosos!
    Aún en las tormentas
    más aciagas.

    Otórgale el regalo
    de verte completo
    (incluyendo tus debilidades)
    solo a las personas
    que sabes que te aman,
    y jamás
    a la que dejó que te fueras
    porque veía en el horizonte
    cosas que creyó mejores que tú.

  • Si no iba a tenerte…

    Si no iba a tenerte
    ¿qué caso tenía conocerte?

    Si no íbamos a hilar un destino juntos
    ¿para qué mezclar nuestros asuntos?

    Hubiera sido mejor jamás verte
    si no iba a poder quererte.

    No hubiera extrañado lo que no conocía,
    no hubiera anhelado el cielo que no veía.

    Pero tus labios haber probado
    para no tenerlos nunca más
    ha dado como resultado
    el más cruel de los pasados.

  • Un beso perfecto

    Hay besos que llegan
    en el momento perfecto
    de los labios de la mujer
    adecuada,
    y entonces,
    cambian el rumbo de una vida.

    Hay abrazos otorgados
    en el día más necesitado
    por los brazos más anhelados,
    y que pueden forjar destinos.

    La persona que desestima
    el poder de un beso perfecto
    es porque jamás ha tenido la fortuna
    de recibir uno.

  • Una explosión… sólo por un momento…

    No estaba vivo y no lo había notado.

    Había estado muerto sin darme cuenta.

    Y ayer, te cruzaste en mi camino.

    Fue solo por un momento, en la calle,
    frente a la panadería

    Nuestras miradas se cruzaron.

    Tú temblaste, y tus ojos
    así, de pronto,
    se te pusieron brillantes,
    con un torrente de lágrimas.

    Y a mí me pasó lo mismo.

    Y durante un momento, solo,
    volvimos a vivir.

    En un segundo,
    revivieron un millón besos,
    universos de abrazos,
    infinidades de promesas
    y eternidades de miradas tiernas,
    como la explosión de mil galaxias.

    Después seguiste tu camino,
    sin decir palabra.

    Y volvimos a morir otra vez.

  • Lo que yo quiero ser para ti…

    No quiero que me elijas fríamente
    como quien, en el supermercado,
    elije el jitomate metódicamente,
    medido, revisado y marcado.

    No quiero ser la segunda opción
    después de que la otra relación
    no tuvo solución
    y de pronto yo soy la elección.

    No quiero convertirme en tu esposo
    después de que el otro te salió vicioso
    y resulta ahora … ¡que soy glorioso!
    No. No soy tan generoso.

    Quiero ser la mirada
    que elijas
    locamente enamorada.

    Ser tu más loco anhelo,
    tu más dulce consuelo,
    el sol de tus días lluviosos,
    tus motivos poderosos.

    Pero ser tu “peor es nada”…
    para mí
    esa ruta está negada…

  • Míranos

    Nos faltaban horas en la noche para amarnos,
    y nos faltaban esquinas en la ciudad para besarnos.

    No había suficientes lunas que invocar
    para asegurar la eternidad de nuestro amor…

    Se nos acababan las estrellas
    contando los besos que nos dimos,
    y la inmensidad del océano se quedaba corta
    comparándola con la profundidad de nuestro amor.

    Y míranos ahora,
    solos y separados…

  • Los nuevos vacíos de mi vida

    Se ve el baño
    insoportablemente ordenado.

    Falta ese desfile sin fin
    de botellas conteniendo cremas,
    enjuages, lociones, pociones,
    aceites, perfumes y un sin fin más
    de chucherías.

    Y falta una pequeña pila de zapatos
    olvidados en la puerta de la entrada.

    Zapatos y sandalias de todos los colores
    y de todas las formas
    y para todas las ocasiones…

    Y hacen falta
    un sin fin de verduras de variadas formas
    esperando ser consumidas
    en el refrigerador.

    Y ya no están tus besos en la cama,
    ni tus canciones en la regadera,
    ni tus bragas en la silla del comedor,
    ni tus orgasmos sobre la mesa.

    Y nunca pensé decirlo,
    pero al parecer,
    me faltan esos miles de blusas
    y suéteres y faldas y medias
    y abrigos, todos tuyos,
    robándole el espacio a mi ropa
    en el armario, ahora vacío.

    Te has ido
    y has dejado un enorme vacío
    que no sé cómo llenar.

  • Yo ya no estoy para juegos pendejos…

    Ya no estoy para entregar un amor incondicional
    de esos, de telenovela, que dan todo;
    que sacrifican todo,
    por nada.

    Ya no estoy para reparar personas rotas,
    ni busco que nadie me repare.

    Doy en la medida en que me dan.

    Todavía soy capaz de amar, y mucho.

    Pero voy soltando conforme me van dando.

    Si me llaman, llamo.
    Si me procuran, procuro.
    Si me cuidan, cuido.

    Evito las personas con poco interés.

    Ya no juego juegos tontos
    ni intento leerle la mente a nadie.

    Estoy para amar, y mucho,
    siempre que me amen, y bien.

    Si quieres mi corazón entero,
    vamos dándonos uno al otro
    a cachitos
    y a ver hasta dónde llegamos.

  • Contigo…

    No importaba el lugar, ni la hora…
    importaba que fuera contigo.

    No importaba si era filete
    o tacos de canasta…
    importaba que tú estuvieras ahí,
    para hacerme reír con tu sonrisa.

    No importaba si no había dinero,
    si no había comodidades
    o si teníamos que viajar en metro.

    Lo que era importante
    era despertar cada mañana
    con tu cabello sobre mi cara
    y tu piel desnuda, suave y tibia
    al lado de la mía.

  • De haber sabido…

    Si hubiera sabido
    cómo íbamos a terminar
    y lo mucho que íbamos a padecer…

    Te hubiera amado de todas formas.

    Porque estaba destinado
    a enamorarme de esos ojos negros
    que cargan con la noche todos los días.

    Porque me tocaba ansiar
    besar esos labios,
    rojos como una fruta de granada.

    Porque no hubiera podido irme
    de este mundo
    sin haber acunado primero
    tus senos en mis manos.

    Porque no hubiera sabido vivir
    sin haber estado dentro tuyo,
    rodeado de esa caliente humedad
    que sabía, a momentos,
    apretar mi firmeza.

    Me hubiera enamorado de todas formas.

    Si acaso,
    hubiera intentado amarte menos
    y amarme un poco más…

  • Mi abuela, tan querida…

    Extraño a mi abuela.

    Extraño poder acurrucarme en su pecho
    y llorar sin consuelo
    los amores que mal me pagaron.

    Extraño sus palabras de sabiduría
    y su inquebrantable creencia
    de que lo mejor aún vendría.

    Extraño poder hacerla guardián
    de mis confidencias
    y oír de ella confesiones
    que escandalizarían
    al resto de la familia.

    Extraño poder reír
    como reía con mi abuela
    y no me avergüenza decir
    que nunca más
    he vuelto a reír así,
    como con ella.

    Extraño nuestras tardes en la cocina
    conmigo hablando
    y con ella cocinando.

    Extraño sus frijoles charros
    y su café de olla
    y su mano sobre la mía
    mientras yo lloraba,
    intentando reconstruir mi vida.