Recuerdo cómo comenzamos a enamorarnos…

No fuiste un amor sutil.

Te me metiste de golpe y porrazo en el corazón.

Puedo recordar el momento exacto en el que algo dentro de mí decidió amarte para siempre.

Habías estado llorando cuando llegué. Apenas éramos amigos, pero llegué en el momento justo en el que empezaste a contarme todas tus penas.

Pusiste tu cabeza en mi pecho y seguiste llorando, desolada.

Así que salimos a caminar durante horas y horas. Nos contamos todo y de todo; se podría decir que nos desnudamos las almas.

Finalmente nos sentamos en una fuente, agotados, pero desahogados. No regresamos ese día al trabajo.

Y sin yo saberlo, ni tú sospecharlo, comenzamos a amarnos.

Y aún no hemos terminado.

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Un blog de poesía romántica y erótica